CRIAR CON APEGO Y RESPETO


¿Has escuchado las frases: “vas a malacostumbrar a ese bebé” vas a malcriar a ese bebé”, “ya no lo cargues”, “déjalo llorar” ? ¿Cuando llora tu bebé sientes que tienes que hacer algo para resolverlo, y para hacerlo sentir mejor, pero recuerdas esas frases?
Entonces estás consciente de la gran presión social que padecen las mamás, que son impulsadas a no escuchar sus instintos, y que traten de negar las necesidades emocionales de su bebé.
Nosotros creemos qué los bebés son seres humanos, con tanto derecho a demostrar sus necesidades de compañía y cariño como cualquier otro ser humano.
Si tu esposo llegara una noche y te dijera,”hoy fue un mal día, quisiera platicar, estar contigo y que me abrazaras” aunque fuera tarde en la noche, ¿que le dirías?
¿Le dirías, “ah no, no es hora de esas cosas. Es hora de dormir. Si te abrazo y estoy contigo a estas horas, te vas a malacostumbrar y luego vas a querer hacer eso todas las noches”?
Pues esas frases que resuenan en nuestra cabeza, formuladas por parientes y amigos bienintencionados, lo que tratan de que hagas es que dejes de escuchar tu instinto, y de que no hagas lo que es mas fácil, resolver las necesidades de tu bebé.
Los bebés que han sido criados con respeto y con amor, que han sido “malacostumbrados” y los cuales son llevados en brazos mucho tiempo, desarrollan un sano apego con su madre, que es el primer contacto con este mundo. Este ejemplo de apego les ayudara a desarrollar relaciones con otros seres humanos basadas en la confianza y en el amor. Aprenden que son personas valiosas, lo cual les hace desarrollar una buena autoestima. Porque si cuando lloro nadie me hace caso, tal vez sea porque no valgo la pena. Pero si cuando el bebé expresa una necesidad de amor, y la mamá la resuelve pronto, cargándolo, confortándolo, atendiéndolo, el bebé RESUELVE esa necesidad. Puede pasar al siguiente paso en su desarrollo. Se sentirá seguro de si mismo, y valioso. Y al contrario de lo que dice la “sabiduría” popular, será un ser humano amoroso y respetuoso, pues es lo que ha aprendido desde la mas tierna infancia.


Fuente:
Cozybebe

El nacimiento de nuestro “ser madre”

Hemos pasado la infancia practicando con nuestras muñecas a mecer a los bebés, calmarlos, vestirlos, desvestirlos, retarlos y dormirlos. Sin embargo, cuando el bebé real irrumpe en nuestra vida adulta, nos sorprendemos al constatar que hay pocos puntos en común entre el bebé soñado y ese monstruito que llora en los momentos menos oportunos. Y que no es verdad que los bebés sólo comen y duermen, sino que hemos quedado prisioneras de un ser voraz, necesitado al extremo, malhumorado y demandante.

Posiblemente la sorpresa tenga que ver con el desconocimiento con el que las mujeres llegamos a la maternidad respecto al fenómeno de la “fusión emocional”. Para abordarlo, es menester darnos cuenta que la realidad no sólo está constituida por elementos visibles, concretos y palpables. Sino que también existen los mundos sutiles, los campos emocionales, perceptivos, intuitivos o espirituales. Aunque invisibles, suelen manejar los hilos de nuestra vida consciente.

En el caso de la díada mamá-bebé, es conveniente enterarse que ambos pertenecemos al mismo territorio emocional -como dos gotas dentro del océano- y que esta unión sin límites precisos perdurará en el tiempo, aunque nuestros cuerpos hayan sido separados a partir del parto y nacimiento de la cría.

“Fusión emocional” entre mamá y bebé, significa que sentimos lo mismo, percibimos lo mismo, independientemente de “dónde se origine” la sensación, ni si el sentimiento pertenece al presente, pasado o futuro, ya que en el mundo emocional no importan ese tipo de fronteras. De hecho, las mamás “sentimos como un bebé” cuando no toleramos un sonido demasiado fuerte, cuando nos angustiamos si hay demasiada gente alrededor o cuando nuestros pechos se llenan segundos antes de que el bebé se despierte. Del mismo modo, el bebé “siente como su mamá” cuando expresa a través del llanto o de diversas enfermedades, un sinnúmero de situaciones emocionales tales como: angustia por sentirnos exigidas por el varón, dificultades económicas, obligaciones que no podemos cumplir, la ausencia o lejanía de la propia madre, o pérdidas afectivas, por ejemplo.

Pero lo más impactante es darnos cuenta que dentro de la “fusión emocional” el niño vive como propias las experiencias de nuestra propia infancia que se actualizan y plasman en su cuerpo. Sobre todo aquellas vivencias que ya “no recordamos”, que han pasado “a la sombra”. Pues bien, la verdadera dificultad del devenir madre, no tiene que ver con ocuparse correctamente del bebé, sino con el dolor que supone confrontar ahora con las penas que no hemos podido asumir cuando éramos niñas. Devenir adultas de verdad, es darnos cuenta que hoy en día contamos con mayores recursos emocionales para hacernos cargo de nuestra historia y de las elecciones que hemos llevado a cabo.

Concretamente, las madres podemos hacer la prueba -cuando no logramos calmar al bebé ofreciéndole el pecho, ni meciéndolo, ni hablándole ni sacándolo a pasear- recordando alguna situación dolorosa o no resuelta de nuestra infancia, relativa al vínculo con nuestros padres. Si hemos podido traer a la conciencia alguna vivencia significativa, entonces intentemos relatarle al niño con palabras sencillas aquel dolor, aquel sufrimiento o rabia o vergüenza que aún vibra en nuestro interior. O bien, expliquémosle al niño la dificultad o el desacuerdo que tenemos actualmente con nuestra pareja, o la preocupación por la falta de trabajo, o el hartazgo por los malos entendidos con la vecina, o incluso la angustia sorda por esa amiga que emigró. Constataremos que el niño, que dentro de la “fusión emocional” vive como propias todas nuestras sensaciones -incluso las que no reconocemos como tales- se calmará. Porque sabrá de qué se trata.

Pero mucho más valioso aún resulta darnos cuenta qué importancia puede tener para cada una de nosotras reconocer ciertos sentimientos que hemos descartado por considerarlos antiguos, obsoletos o poco valiosos. De este modo, con la ayuda de nuestros hijos -que son espejos del alma materna- podremos reconocernos tal cual somos, y colocar en un lugar superlativo las cuentas que tenemos pendientes con nosotras mismas. Nuestros bebés lloran nuestras penas, vomitan nuestros hartazgos, se brotan de nuestras intoxicaciones emocionales y se enferman de nuestras incapacidades de mirarnos con honestidad.

Esto no significa que tenemos que tener nuestra vida resuelta, ni que seamos “culpables” de lo que les acontece a los niños. Al contrario. Es una oportunidad que las mujeres adquirimos a través del acto de maternar, para conectarnos con nuestro riquísimo mundo emocional, comprendernos y respetarnos. La expresión que el niño asume de nuestros deseos y fantasías relegadas, nos obliga a hacernos preguntas existenciales, íntimas, genuinas y profundamente femeninas.

En definitiva, no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.


Laura Gutman

Regresando

Pues aquí con una chance de poder escribir nuevamente.
No saben cuanto extraño este pequeño espacio, que me ha inspirado tantas cosas y que me ha dado la oportunidad de llegar a más mujeres que como yo vemos la maternidad como la experiencia más maravillosa que una mujer puede vivir.

Les cuento rápido que lo de la demanda laboral pues es un proceso largo, apenas será la segunda audiencia y pues con resultados poco satisfactorios pero bueno no queda mas que esperar y ser pacientes y tener mucha fé en que se hará justicia, pues solo pido lo justo.

Por otro lado estar en casa con mis hijos es hermoso, pues he ido descubriendo cosas en mi "ser madre" que aun no conocía o que aun no habia experimentado, me doy cuenta que me perdí muchas cosas de mi hija Sofia quien por cierto ya tiene 1 año 3 meses y ya es un pinga que anda de aqui para allá pero que aun asi no se me despega ni un segundo y con tanto quehacer en casa pues mi mayor aliado es el rebozo.
Pero tambien he aprendido a admirar y reonocer que estar en casa es un trabajo más, como cualquier otro, es cansado y estresante algunas veces, y cuando es reconocido pues te sientes bien y cuando no como que te hace falta esa motivación. Y pues poco a poco me he ido acoplando a esta nueva vida y aunque no descartó algun dia volver a trabajar pues primero quiero poder estar con mis hijos lo más que se pueda para así darles la seguridad que necesitan para asimilar y tolerar mejor aquellas separaciones que llegan a ser necesarias.

Contandoles esto, ahora quiero publicar el siguiente artículo de una de mis escritoras favoritas y que para muchas de ustedes lo és. Espero lo disfruten tanto como yo y las haga reflexionar en un momento de impaciencia o de intolerancia, en ese momento en que no encuentras la serenidad para lograr comunicarte con esa personita que ha entrado en conflicto contigo por alguna razón; porque todos llegamos a perder la paciencia pero es importante saber manejarla y no perder el control.